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Rutina de ducha para una piel más sana

No hay nada más relajante que una ducha de agua caliente ¿verdad? Bueno, pero lo creas o no, este hábito en realidad podría dañando tu piel.

En general, existen dos tipos de duchas: la ducha rápida, que dura unos cuatro minutos y sirve para lavar las partes esenciales; y la ducha relajante, que dura una eternidad y cuando salimos del baño estamos coloradas como un tomate.

Rutina de ducha para una piel más sana

ducha

Partiendo de esta base podemos deducir que mientras más tiempo estemos bajo los efectos del calor del agua, mayor daño le generamos a la piel. Y a esto hay que sumarle la acción astringente del jabón, que también hace su aporte a la resequedad de la dermis.

Para minimizar el daño que genera la ducha en la piel y el cabello hay que:

  • Iniciar la rutina con el cepillado del cabello y exfoliación de la piel.

Cepillar la melena hace que se distribuyan los aceites naturales del cuero cabelludo y se acondicione el pelo, a la vez que se eliminan enredos y así evitamos tener desenredar el pelo mojado, que es más susceptible a la rotura.

Seguidamente con un cepillo seco se debe exfoliar el cuerpo para eliminar células muertas y fomentar la circulación de la sangre.

  • Duchas tibias cortas

Cuanto más tiempo se permanezca en la ducha y más caliente sea la temperatura del agua, más se eliminan los aceites protectores del pelo y la humedad de la piel.

  • Usar el jabón en partes esenciales

A menos que haga falta, no siempre hay necesidad de cubrir todo el cuerpo con la espuma del jabón.

Si no se tiene suciedad o se ha hecho ejercicio, lo mejor es dejar el pecho, estómago, brazos y piernas libres de jabón y centrarse en la limpieza de las áreas que producen la mayor parte de sudor como son las axilas, ingle, entre las nalgas, pies, dedos de los pies y bajo el pecho.

  • Rasurarse al finalizar la ducha

Para reducir las probabilidades de pelos encarnados hay que esperar por lo menos cinco minutos antes de rasurar la piel.

Esto da a los poros la oportunidad de abrirse y de que se ablande el pelo, para facilitar su extracción. Pero cabe aclarar que el agua debe estar tibia, no caliente, porque de lo contrario los folículos se inflamarán y se conseguirá el efecto contrario.

  • Lavarse en orden

Cabello, cuerpo, cara. Este es el orden que hay que seguir.

Desde el momento en que uno entra a la ducha, los poros comienzan a abrirse y el sebo que contienen empieza a licuarse.

Si se lava la cara antes de aplicar el champú, los poros quedan completamente limpios y libres de sebo.

El problema es que cuando se escurre la espuma del champú sobre el rostro, se pueden obstruir los poros, ya que no es un producto diseñado para la piel de la cara.

  • No secar frotando

El secar fuertemente el cuerpo después de la ducha puede empeorar la sequedad, lo ideal es quitar la humedad dando palmaditas suaves con un movimiento ascendente y descendente, como si se tuviera la piel quemada por el sol.

  • Hidratación

El usar una crema hidratante después de la ducha es siempre una buena idea, pero también se pueden emplear aceites naturales como el aceite de coco, aceite de almendras dulces y aceite de oliva.




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