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Trastorno dismórfico corporal, cuando la preocupación por la belleza enferma

Está muy bien que nos esforcemos en vernos bien, pero cuando esa preocupación es exagerada se convierte en patológica, estamos ante un trastorno dismórfico corporal.

Este cuadro se caracteriza porque el afán por tener un cuerpo delgado, armonioso, tonificado es anormal, y porque la persona ve defectos que no tiene, o si los tiene los percibe con exageración.

Trastorno dismórfico corporal, cuando la preocupación por la belleza enferma

En la vida cotidiana y los medios de comunicación, las personas que sufren este trastorno suelen ser aquellas con obsesión por las cirugías plásticas que se someten a repetidos procedimientos, a veces llegando a deformarse. Otra forma de identificarlo, es que las personas con dismorfia ponen en riesgo su salud y hasta la vida para ser lo más delgados posibles.

Además, el grado de ansiedad y malestar que causa el no alcanzar la figura que se anhela, también es desmedido, y de presentarse estas características la persona necesita tratamiento.

El trastorno dismórfico corporal afecta en primera medida las relaciones sociales de quien lo padece, tanto a nivel personal y familiar, como laboral, llegando a medida que se agrava a generar tantos síntomas ansiosos y depresivos que generan aislamiento y exclusión social: se siente tan feo o fea que no quiere salir a ninguna parte.

No es patrimonio exclusivo de las mujeres, aunque es más común que se presente en la adolescencia o en los primeros años de la edad adulta, pero no es imposible que aparezca en niños o personas mayores.

El defecto físico puede ser imaginado o real, pero exagerado. La importancia de conocer este trastorno es que suele estar acompañado de otros, como la depresión, ideas suicidas, y algunos de los trastornos de ansiedad, por eso sólo profesionales pueden tratarlo. También hay que considerar que si no se trata, este tipo de cuadros empeora, y dado que como explicábamos al principio, las personas tienden a hacerse más cirugías, a perder más peso o incluso se acentúan sus ideas suicidas, puede haber un riesgo real para la vida si no se trata el problema.

Las zonas del cuerpo que suelen ser mayor objeto de obsesión son piel, cara, genitales, arrugas, dientes, pecho, nalgas, cicatrices, asimetría facial, pelo, vello facial, labios, nariz, ojos, muslos, piernas, abdomen, orejas, mentón.

Lo que hay que comprender – en especial si conoces a alguien con estas características – es que si bien el defecto estético no existe o no es tan marcado e importante, a los ojos de la persona afectada está allí a sus ojos. No sirve de nada discutir y confrontar con argumentos razonables, pues se trata – en definitiva – de un trastorno mental.

La persona pasa muchas horas frente al espejo, es una práctica ritual que forma parte de su obsesión, y desde luego que quita tiempo a su familia, amigos, estudios u ocupación laboral para ocuparse de su aspecto físico, lo que hace que muchas veces les resulte imposible tener pareja o empleo estable.

Dado que la persona percibe un defecto físico y no de personalidad, es importante tratar de que se dé cuenta de la realidad para pedir ayuda. Con psicoterapia y la contención de los seres queridos, se puede lograr una recuperación.




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