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Ejercicio y la actividad física efectiva

Mucho hemos hablado de la cantidad y calidad de la actividad física que podemos hacer para estar en forma, para sentirnos bien, y para disfrutar ejercitando el cuerpo. El pilates, los diferentes tipos de yoga, las danzas y bailes como el hip-hop o la salsa, y decenas de rutinas para entrenarse y renovarse, desfilan por esta página semana a semana. Hoy, sin embargo, queremos poner el acento en lo que podríamos mencionar como el aspecto subjetivo de la gimnasia: esas ideas que operan como motores mientras contamos: “un, dos, tres, cuá. Y un, dos, tres, cuá.”, y que en definitiva tienen que ver con la efectividad real del ejercicio. Ideas que nos juegan muchas veces en contra, porque van contra los ritmos del cuerpo y contra el cuerpo en sí.

Ejercicio y la actividad física efectiva

Y es que se acerca el verano y con él, la poca ropa, las miradas o lo que imaginamos que ven los demás cuando nos miran. Y con todo eso como un karma, el gimnasio se carga de ciertas ideas, mitos, frases populares sobre cómo hay que hacer ejercicios para ver resultados lo antes posible. Ocurre que la mayoría de estas ideas son pura fantasía, y lo único que hacen es tornar más densa la decisión de hacer deportes. Veamos algunas de ellas:

Cantidad no equivale a calidad

Si bien el sentido común puede hacernos creer que mientras más horas pasemos por día, y mientras mejor asistencia tengamos en las clases de gym, más pronto veremos resultados, en verdad lo que pasa es que con esa lógica de máquina sólo logramos exigir al cuerpo algo para lo que él no está preparado.

El cuerpo requiere de lapsos de recuperación, para poder nivelarse tanto química como físicamente después de una gran exigencia. Los días de entrenamiento extremo necesitan alternar con otros de actividad más suave, como caminatas o yoga.

Comer+culpa= ejercicios

Otra idea que tiende a jugarnos en contra es la provocada por la relación comida-calorías-ejercicio. En este caso entra en acción la culpa, que no nos permite disfrutar del placer de la comida, combinada con la ansiedad, que nos hace comer por comer, y que transforman el gimnasio y el momento de hacer ejercicios como una especie de purgatorio. Esa ansiedad es la que hay que controlar, antes que a las calorías: vegetales, cereales, frutas, alivian el hambre y brindan energía sana al cuerpo.

Dolor como sinónimo de efectividad

Es un concepto tan primitivo como arraigado a nuestra cultura. Los especialistas señalan que cada cual debe conocer las posibilidades y límites de su propio cuerpo cuando se hacen ejercicios. No se trata sólo de entrenar duro: los músculos tienen una memoria que es la que hay que ir trabajando poco a poco.

Y si no se sabe, se pregunta. Los instructores tienen el deber de aconsejarnos sobre los mejores métodos para no dañar vértebras, evitar desgarros y contracturas. ¿Cómo sabemos si estamos haciendo de manera correcta un movimiento físico? Este tipo de información es fundamental para evitar daños en el cuerpo que nos perjudiquen a corto, mediano, o largo plazo.

El póster de la modelo

Otro de los motores que moviliza a las personas hacia el gimnasio es el deseo de una imagen física idealizada. Se trata de un móvil que convierte al deporte más en un castigo que en un regalo. Para que la actividad física sea efectiva, el motor debe ser antes que nada el amor por el propio cuerpo, y por todas y cada una de las satisfacciones que él nos da día a día. El deporte y la actividad física no pueden servir para reforzar estereotipos impuestos por el mercado y sus medios de comunicación.

Un 10 en gimnasia

Así como debemos ser concientes de nuestras posibilidades, para no dañarnos en el intento de realizar un movimiento brusco, o sobreexigiendo al cuerpo en una rutina en el gimnasio; otra cuestión que debemos tener en cuenta es reconocer si realmente aspiramos a la perfección y el dominio técnico en tal o cual disciplina. Muchas veces, por asociar eficiencia y rendimiento -y por preocuparnos en complacer a los entrenadores- dejamos de sentir placer en la realización de la actividad, ya sea que se trate de natación, de danza contemporánea o de gym box.

En resumen, que una actividad física será efectiva si nuestro cuerpo no resulta dañado, si no es la ansiedad la que nos incentiva, ni la obsesión por ser como Barbie, o la urgencia por quemar calorías. Para que el ejercicio nos rinda tanto física como espiritualmente, lo importante es no es estar pendientes de los resultados, sino que seamos capaces de disfrutar cada etapa de lo que en realidad es un proceso lleno de matices y cosas por descubrir de una misma.




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