El placer y los beneficios de leer
Durante una tarde lluviosa y solitaria no es extraño recurrir a un libro para despejarnos de la realidad y robar por un ratito otras vidas. Abrimos las puertas para experimentar sentimientos ajenos de forma privada e intensa, o para enterarnos de sucesos que ignorábamos, para aprender formas de enfrentar la vida o para entretenernos.
Borges dijo que “la felicidad, si se es lector, es frecuente” y confesó que estaba más orgulloso de los libros que había leído que de aquellos que había escrito. Muy bien, convengamos que Borges no sería quién fue si sólo hubiese sido lector, pero sí podemos afirmar que nunca hubiese sido tan fascinante escritor de no haber leído.
El hábito de la lectura nos entrena, en una primera aproximación, para expresarnos mejor. En lo concreto, nos acostumbra a la correcta ortografía y gramática y amplía nuestro vocabulario. Pero además, desarrolla la imaginación y la creatividad, aumenta la capacidad de memoria y ejercita la concentración. Abre nuestras mentes más allá de lo que nos rodea.
Leyendo, aumentamos nuestra cultura general y nuestro autoestima. También, aprendemos a relacionarnos mejor con el resto de las personas: de a poco descubriremos que nos es más sencillo ponernos en el lugar de los demás y analizar las situaciones desde otro punto de vista. Podremos experimentar con nuestras propias emociones al “visitar” con la lectura situaciones que no necesariamente podríamos experimentar en carne propia: terminaremos, inevitablemente, ampliando nuestro abanico emocional.
Pero volvamos a la actividad intelectual. Recientes estudios establecen que la inteligencia es un 20% heredada y un 80% adquirida. Eso quiere decir que cuanto más tempranos sean los estímulos de la lectura, más posibilidades de desarrollar al máximo las capacidades intelectuales se tendrán.
No es cuestión tampoco de leer por leer: que un texto esté publicado no lo convierte automáticamente en algo digno de ser leído. Lo ideal es construir nuestro gusto personal, y eso se hace experimentando, con prueba y error. No tengamos miedo de abandonar un libro que no nos a atrapa. No nos sintamos mal si abordamos un “clásico” y no nos resulta interesante. Cada persona es un mundo y lo puebla a su gusto. Así que una vez que encontremos aquel tipo de lectura que nos hace sentir bien, nos emociona, nos deja pensando aún con el libro cerrado, y estimula nuestra curiosidad y hambre de más, ¡debemos atesorarla! Y buscar más, claro está.
Por María del Mar
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